Son los responsables de mantener nuestro
vehículo 'pegado' al suelo y por tanto, uno de
los principales elementos para nuestra seguridad.
Airbag, ABS, pretensores, cabezales y otros elementos
han convertido nuestro vehículo en una celda
de seguridad. Lo que no ha variado sustancialmente desde
los orígenes del automóvil es el cuidado
y mantenimiento de los neumáticos, que dependen
de una inspección visual periódica por
nuestra parte. Un neumático gastado, a pesar
de todos los avances tecnológicos, constituye
un grave peligro para nuestra seguridad y la de los
demás conductores.
Lo mejor es adquirir un medidor propio, ya que los
que disponen las gasolineras pueden haber perdido su
correcta calibración por el uso continuado. Para
que la medición sea correcta es imprescindible
que el neumático esté frío, ya
que el aumento de la temperatura varía sustancialmente
la presión del aire en su interior. Como norma
general, hay que medir la presión antes de haber
superado los 10 kilómetros recorridos.
Ni más, ni menos
La presión adecuada la encontrará en el
manual que el fabricante le proporciona con su vehículo.
Destierre la falsa idea de que un neumático con
más presión consume menos gasolina. No
es cierto. Lo único que conseguimos es impedir
que la banda de rodadura se desgaste uniformemente y
reducir la superficie de contacto con el suelo, aumentando
el riesgo de 'salirse' en las curvas.
Lo mismo se puede decir de un neumático con
escasa presión. El aumento de superficie en contacto
con el suelo aumenta exponencialmente el riesgo de 'aquaplaning',
es decir, de que el neumático no sea capaz de
evacuar el agua de la carretera y patine sobre su superficie.
Otro elemento fundamental es el dibujo. La norma indica
que su profundidad debe ser superior a 1,5 milímetros.
Todos los neumáticos tienen marcas de desgaste
insertadas en los canales de evacuación, aunque
una moneda también puede ayudarnos en la medición.
Hay que tener en cuenta que, por debajo de dos milímetros,
el riesgo de 'aquaplanning' aumenta considerablemente.
Quemar rueda
La vida media de un neumático se estima
entre 35.000 y 40.000 kilómetros para una conducción
normal. Un conductor agresivo reduce considerablemente
la vida útil de sus ruedas, con el consiguiente
incremento de costes. Salir de un semáforo 'quemando
rueda' los gasta inútilmente mientras que una
frenada brusca los 'aplana'.
Cuando retire las cubiertas viejas, no se olvide de
llevarlas al taller para que finalicen sus días
en una planta de reciclaje. Sus componentes son altamente
tóxicos. Otra posibilidad es la del recauchutado.
La reciente aprobación de normativas europeas
y homologación obligatoria de las empresas del
ramo han aumentado las garantías de una actividad
que tradicionalmente no gozaba de la confianza de los
clientes. |